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SOBRE ESTILOS Y CONTROVERSIAS

Bayern-RealMadrid Foto: UEFA

“Vamos a intentar no atentar contra lo que ellos son, a ver si conseguimos una forma de jugar que sea su forma de jugar” (Juanma Lillo)

Hagamos un ejercicio de imaginación. Coloquen su atención en la eliminatoria entre Real Madrid y Bayern de Múnich, y realicen dos o tres modificaciones en el encuentro de vuelta disputado en el Allianz Arena.

Vistan de rojo a Modric, recuperen físicamente a Thiago y retiren del terreno de juego a Mandzukic dando paso a Mario Götze. Olvídense del resultado, pues esa variable es, como todas, de carácter incierto.

Vayámonos a las pretensiones conductuales, centrémonos en el juego, en las tendencias que nacen de las emergencias surgidas al relacionar a determinados jugadores.

Guardiola dice tras caer goleado que “hemos perdido porque hemos vaciado el centro del campo”, y efectivamente la alineación estaba hueca, no contenía ninguna posibilidad de ser mejores a través del juego que siente el entrenador catalán.

Es muy respetable tratar de conseguir la implementación de una idea, se trata de un ejercicio maravilloso, un proceso estimulante, pero es un arte irrealizable si no parte de un principio fundamental: la elección del estilo nunca puede estar distanciada de las capacidades de interacción de los futbolistas que deben llevarlo a cabo.

Ver a Dante y Boateng separados, con Schweinsteiger, Javi Martínez o Kroos como primeros compañeros a encontrar, es tan antinatural como querer introducir en la organización actual del Chelsea a Xavi Hernández o ver a Bartra en lugar de Godín en el bloque del “Cholo” Simeone.

Cuando estos jugadores se escalonan, toman las distancias para poder pasarse la pelota desajustando la organización rival, acaban por desarticularse ellos.

De ahí que Robben o Ribery aparezcan por espacios inhabituales y la jugada se acelere, o que todo se convierta en un balanceo del balón que rara vez encuentra una grieta acorde, pero que a cambio te va agrietando.

Es una posesión que no derrama superioridades posicionales, son entregas que no someten, puesto que son jugadores que no sienten el pase desde esa perspectiva.

Encima, motrizmente ninguno está preparado para conducir con la intención de eliminar opositores, nadie se gira y así es complicado girar a los que vas rebasando. Si ganan espacio detrás de una línea, vuelven a regalarlo porque no dominan con destreza el arma ser perseguidos para liberar a sus colegas.

Por eso les indicaba que se imaginaran a Thiago o Götze, o pintaran de rojo la elástica de Modric.

Se me ocurre, aun con el riesgo inevitable de equivocarme, que los centrales tendrían la sensación de que sus prestaciones con la pelota ganan en eficiencia; los exteriores recibirían en los momentos oportunos y con sus pares acudiendo tarde a su encuentro, además de que encontrarían cooperantes de mayor afinidad en el caso de no poder salir vencedores del uno contra uno y el dos contra uno permanente; mientras que a los rivales les sería mucho más espinoso el poder contraatacar.

Con los alineados en la vuelta de semifinales se puede ganar, pero es complicadísimo realizarlo desde un fútbol que conceptualmente se aproxime al empleado en el F. C. Barcelona años atrás.

Por eso, dejemos de razonar los resultados desde los estilos y miremos más allá de esa nuestra barrera impuesta. Es imposible imaginarse los “cómos” sin valorar los “quiénes”. No se trata de inclinarse ciegamente hacia una propuesta, sino más bien observar lo que pueden aportar coordinadamente los que saltan a jugar.

El Chelsea F.C. y el Atlético de Madrid no están optando a los diferentes títulos porque jueguen así, sino por quienes juegan así, al igual que el Rayo Vallecano no ha acabado bien la competición liguera por la obstinación de su entrenador, sino que su rendimiento se debe a juntar permanentemente a los complementarios.

Es tarea estresante luchar contra uno mismo, Pep lo sabe y a buen seguro los elementos que precisa los exigirá. Ya ha llegado uno procedente del Dortmund.

Volverá a ganar, y será más feliz puesto que lo conseguirá a través de jugadores más próximos a su sensibilidad.

Aún es pronto. El proceso de mutación de los de Múnich todavía está dando sus primeros pasos.